#recuerdo – 10 de junio de 2024
Se espera mal tiempo, y justo hoy la ruta es larga. Casi no me queda comida, así que una visita al supermercado es imprescindible. Justo cuando estoy a punto de salir, empieza a llover a cántaros. Decido retrasar un poco la salida.
De repente, aparece un hombre en la cabaña. “Vaya, no esperaba a nadie aquí”, dice—yo tampoco. Viene a colocar un cartel informativo sobre la reserva natural. Me cuenta que antes era fotógrafo comercial, pero que terminó completamente harto del mundo comercial. A los 40 años cambió de rumbo y ahora construye refugios y otras estructuras en plena naturaleza. Dice que le llama la atención cuántos hombres de unos cuarenta años sienten envidia. La idea de estar todo el día al aire libre y escapar de la carrera de ratas les parece maravillosa. Se gana menos dinero, pero el bienestar aumenta muchísimo. No puedo más que darle la razón.
Cuando mejora el tiempo, continúo. Los caminos son variados—algunos fáciles, otros tan difíciles que casi debería llevar el carro a la espalda. Pero bueno, se aprende sobre la marcha. A menos de un kilómetro del supermercado… llega el diluvio. Pero tengo suerte una vez más: veo una marquesina de autobús. No me mantengo completamente seco—la lluvia azota de lado—pero ayuda bastante. Qué alegría siento al ver por fin el Willy:s, el hipermercado, aparecer ante mí. Dentro, en un banco, me caliento con un panecillo recién hecho que sabe a pastel. Las penas se olvidan rápido.
Nada cambia tanto como el tiempo—de pronto el sol rompe con toda su fuerza. Aprovecho y, junto a una cancha de voleibol, preparo mi comida caliente. Me visita un cicloturista, con ganas de charla. Se sienta un rato conmigo y me cuenta sobre varias rutas, lo cual me viene muy bien.
En el mapa veo que hay un refugio a solo cuatro kilómetros, pero al final camino el doble porque dos caminos están cerrados y tengo que dar un gran rodeo. Qué rabia. Para entonces voy completamente al límite. Por fin, en una cabaña de los scouts, despliego mi esterilla y saco de dormir, y duermo maravillosamente seco.














































































































