#recuerdo – 8 de junio de 2024
En el paraíso, me despierta un concierto de pájaros en el alféizar de la ventana. Un pajarito encantador canta con todas sus fuerzas. Se acabó el silencio, pero la alternativa es igual de hermosa. Me lavo la cara con agua del lago. Justo bajo la superficie, un cangrejito disfruta de los cálidos rayos del sol.
Tan bonito como empezó el día, no se mantuvo así. Pronto se nubló y comenzó a lloviznar. La ruta fue increíblemente dura y avancé muy lentamente. Caminé todo el día, pero solo conseguí hacer 15 kilómetros. Los últimos cientos de metros fueron mortales. Había visto en la app que el refugio ya no podía estar lejos, y al girar una curva, allí estaba. Solté un grito primitivo—ridículamente fuerte y exagerado. Un hombre salió corriendo del refugio, sobresaltado. Pensó que me había caído y me preguntó si estaba bien. ¡Sí, sí, estoy bien! Solo estoy feliz de haber llegado. Me moría de vergüenza, pensaba que estaba solo.
Se presentó como David John, de Estocolmo. Me dio una bienvenida cálida; ya había avivado el fuego. Aunque los refugios deben estar accesibles para todos mientras haya sitio, aun así le pregunté si le importaba que me quedara. No tenía fuerzas para continuar. No le supuso ningún problema y, a diferencia de mis experiencias anteriores, no era la primera vez que tenía compañía. Me dijo que los fines de semana pasa más a menudo. Compartimos nuestras impresiones sobre rutas de senderismo y países visitados. Me hizo gracia ver que también caminaba con calzado barefoot. Al igual que yo, había tenido excelentes experiencias con este tipo de calzado y ya no sufría dolores de rodilla. Era la primera persona que veía descalza en Suecia, y según él eso tenía sentido—todavía está en pañales aquí, al menos en lo que respecta al barefoot.
David John comió su comida liofilizada directamente de la bolsa, mientras yo disfrutaba de verduras frescas y carne. Estaba un poco celoso y dijo que olía de maravilla. Compartimos mi chocolate con una taza de té, y a las ocho y media ya se fue a dormir. Yo le seguí el ejemplo, aunque no conseguí dormirme enseguida. Pero tras un rato de lectura, caí en un sueño profundo.











