Sentimiento de culpa

14 de Mayo de 2024

¡Hoy sí que consigo levantarme temprano y empiezo la jornada con buen ánimo! Me cruzo con una iglesia bonita con otra torre de campanas peculiar—las hay por todas partes aquí. Repongo agua  – en los cementerios siempre hay grifos –  y sigo caminando. Al poco ya me entra hambre, y sobre las 12:30 preparo unos huevos con bacon para el almuerzo. Con la preciosa multiherramienta que me regalaron mis fantásticos compañeros de trabajo cuando me despedí—grabada con mi nombre—arreglo mi bastón de senderismo. ¡Gracias equipo, esta herramienta me viene de perlas!

Vuelvo a disfrutar a lo grande. Me quedo allí horas sentado y, una vez más, siento una especie de culpa. ¿Pero por qué? ¡No tengo ninguna obligación! Y aún así, esa vocecita no se calla: que hago pocos kilómetros, que estoy siendo perezoso, bla bla bla. Qué profundamente arraigadas están estas ideas… Y eso que el camino de hoy es precioso, nada de autopistas—solo colinas suaves, campos y bosques.

En el supermercado Willy:s me controlo para no comprar demasiado, que si no arrastro una carreta pesadísima. Ya en el pueblo de Ljungby, una pareja con su hijito me detiene. La mujer, sueca, está entusiasmada: “¡El fin de semana también te vimos caminando! ¡Nunca habíamos visto un carro como ese!” Se presenta, quiere saberlo todo y me pide muy ilusionada una foto conmigo. Me hace gracia, así que posamos para su marido, que saca varias fotos.

Aún camino un buen tramo más y encuentro otro lugar fantástico para pasar la noche: con mesa de picnic y embarcadero. Lavo mis cosas, cocino rico y duermo como un lirón. Parece que se vuelve rutina, tanto placer… pero es una rutina a la que me puedo acostumbrar.


Descubre más desde FOOTSTEPS OF FREEDOM

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *