#recuerdo – 31 de mayo de 2024
Me despierto muy temprano porque tengo que ir al baño. Me fastidia, pero en cuanto abro la cremallera de la tienda ya no me molesta: qué amanecer tan bonito. Duermo un rato más y luego disfruto de unos huevos fritos con bacon. Tenía antojo y, claro, sabe aún mejor.
No suelo leer ni ver noticias, pero aún así, a través de historias en Instagram de gente a la que sigo, me topo varias veces con la palabra “Rafah”. Solo conozco a Rafa como nombre de chico en España, así que no entiendo de qué va la cosa… hasta que leo lo que está ocurriendo. Se me revuelve el estómago. Qué asqueroso puede ser el mundo a veces. De repente me pregunto si está bien lo que hago, ignorar las noticias y pensar solo en mí. El sufrimiento me afecta profundamente. ¿No estaré siendo egoísta? ¿Estoy contribuyendo así a esta miseria? ¿Debería estar en las calles protestando? La verdad, me deja bastante tocado. Se queda ahí, de fondo, molestando.
Después de una preciosa caminata por una pasarela de madera, ceno sin cocinar en un cementerio. Esta vez algo rápido: unas delicias que compré ayer en una tiendecita libanesa. Desde allí, charlo largo y tendido con mi hija por mensajes y videollamada. Qué orgulloso estoy de ella. No me toca a mí contar sus planes, pero lo que sí puedo decir es que va a aportar su granito de arena para mejorar este mundo. Planes muy concretos y bien definidos. Es maravilloso que se comprometa así, y que la motivación le nazca desde dentro.
Tras una visita rápida al supermercado de Borensberg, sigo caminando junto al canal. Hace un calor agobiante, no me sorprendería que cayera una tormenta. Antes de las ocho y media ya tengo montada la tienda con vistas al canal. A una hora perfecta, aún me queda tiempo para disfrutar de la puesta de sol y del tiempo, que al final resulta bastante agradable.













Descubre más desde FOOTSTEPS OF FREEDOM
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
