La ensaladilla de patata más cara

#recuerdo – 24 de mayo de 2024

Después de pasar la noche en Huskvarna, paso por la oficina de correos para devolver unos zapatos. Me los compré demasiado pequeños y me empiezan a molestar después de caminar más de 4 km. Me doy cuenta de lo mucho más fuerte que me he vuelto y de cuánto peso he perdido ya. Ahora siento perfectamente cómo responde el carro: poco a poco nos estamos convirtiendo en una sola unidad.

El camino sigue bordeando el inmenso lago Vättern. Está nublado, pero no llueve. Miles de mosquitas me acompañan en el camino, muy divertidas en realidad, y no me molestan. Cuanto más me alejo de la ciudad, más tranquilo se vuelve todo… y mejor me siento. Está claro dónde está mi lugar. Más tarde, la ruta se adentra en el interior, hacia un lago más pequeño, donde me como la ensaladilla de patata más cara del mundo (el error de ayer). Eso sí: exquisita.

Hace fresco, pero dos chicas se lo están pasando en grande en el agua. Me recuerda a mi infancia: yo también parecía no tener nunca frío. Nadábamos con los labios azules, ¡pero qué más daba! Qué diferente es todo ahora… Haberme bañado ya este año es toda una victoria personal.

Después de una larga pausa, sigo mi camino cuesta arriba. El carro se tambalea y no entiendo por qué, hasta que descubro, con horror, que el chasis está rajado. Grabo un vídeo y se lo mando al fabricante, Radical Design, pidiendo consejo. Es viernes por la tarde, así que no espero respuesta, pero en menos de una hora me contestan. ¡Qué servicio!
“Esto no está bien —me dicen—, nos aseguraremos de que recibas una pieza nueva para el chasis. El lunes por la mañana nos pondremos manos a la obra.”
Yo creo que no es tan grave y envuelvo el tubo con cinta resistente. Es simplemente mala suerte. Hasta un Rolls Royce puede fallar de vez en cuando. Lo importante es poder contar con tu proveedor y que actúe con rapidez. Qué suerte haber comprado mi carro a un fabricante holandés de confianza… No quiero ni imaginarme qué habría pasado si fuera uno de esos baratos, fabricados en China.

Tras caminar más de 25 km, encuentro otro lugar precioso para pasar la noche, en medio de un campo lleno de ranúnculos.

Huskvarna

#recuerdo – 23 de mayo de 2024

¡Por una vez salgo a tiempo!

¡Hoy consigo salir a tiempo! Quiero llegar pronto al hostal para poder hacer la colada, que es en realidad la principal razón por la que he reservado una habitación. Acampar libremente cerca de una ciudad grande no es nada fácil, así que así mato dos pájaros de un tiro. Hoy llego a Jönköping, la capital de la provincia. Está situada en el extremo sur del lago Vättern y ya prácticamente se ha fusionado con la ciudad de Huskvarna.

La iglesia de Sofía es preciosa y el resto del casco antiguo también merece mucho la pena. Sigo caminando y de repente aparece ante mí el inmenso lago Vättern. ¡Guau! Es el segundo lago más grande de Suecia. Hace un tiempo veraniego y los suecos, todavía bastante pálidos, se broncean en las playitas. Bajo por un camino con vistas espectaculares hasta Huskvarna. Un poco después de las tres llego al hostal. La puerta se abre con un código y, tal como estaba indicado, hay un sobre con la llave de la habitación 6 esperándome en el armario de la ropa.

Primero lo primero: ¡la colada! Ya hay dos mochileros usando la lavadora. Cada lavado dura 25 minutos, así que toca esperar, pero no pasa nada. Al lado hay una sala para secar la ropa, con unos tubos perforados por donde sale aire caliente. En unas pocas horas, todo está seco. Aunque tampoco me preocupaba mucho, todo lo que llevo es ligero y de secado rápido.

Luego voy a hacer la compra, cocino en una cocina de verdad, reorganizo un poco y limpio todo mi equipo. Pero en el supermercado me llevo un susto: pensaba que me había salido barato, pero resulta que la lujosa ensaladilla de patata y algunas otras cosas tenían el precio por 100 gramos y no por unidad. Ya me parecía demasiado bueno para ser verdad… y así fue. Me dan ganas de darme una colleja. Después de una buena ducha, duermo profundamente en una cama de verdad. Y aun así… echo de menos mi tienda.

Por tierras de cultivo

22 de mayo de 2024

En el bosque, donde anoche monté mi tienda casi a oscuras, me despiertan unos ruidos fuertes de ramas crujiendo. ¿Habrá alguien caminando por ahí? Miro con cuidado desde mi tienda y no veo a ninguna persona… ¡es un ciervo! Me quedo un rato observándolo y luego se pierde entre la maleza del bosque. Abro la tienda y me quedo con la cámara preparada, con la esperanza de que regrese y poder captarlo. Y sí, vuelve. Un poco más lejos esta vez, pero tengo mi prueba.

Hoy rompo el récord de salida tardía: no empiezo a caminar hasta la una de la tarde. Pero caminar va como la seda. A veces pasa, que entras en una especie de cadencia y las piernas se mueven solas. Creo que es parecido a lo que llaman “runner’s high”. Un auténtico placer.

La ruta es preciosa, atravesando tierras agrícolas onduladas, con bastantes casas para lo que es habitual, intercaladas con bosques de pinos o caducifolios. Disfruto del aroma de los pinos, de las flores, y del viento que me acaricia el pelo. En el camino hago amistad con un gato que camina conmigo un tramo y se me acurruca cuando me siento. Son estos pequeños momentos los que hacen que el viaje sea tan grande.

A lo lejos veo una iglesia envuelta en tela azul. La puerta está abierta y entro a disfrutar del frescor y del interior sobrio pero lleno de color. Aunque no soy creyente, siempre me gusta entrar a las iglesias. El silencio, el frescor, lo sereno… todo eso me atrae. A menudo pienso también en alguien que necesita justo eso.

Esta noche duermo escondido en un prado con hierba alta. Seguro que pronto lo van a segar. Hoy no he comido caliente y ya tengo bastante hambre. En el menú: pescado, que compré congelado esta tarde, así se conserva mejor durante el camino. Me doy un festín, y mientras como, decido reservar un hostal para mañana cuando veo una buena oferta en Huskvarna (sí, como la marca Husqvarna). Aunque suelo lavar a mano, ya va siendo hora de una buena lavadora. Sobre todo mis sábanas… después de tres semanas no huelen precisamente a rosas.